Monday, May 3, 2010

Requiem por Beatriz Echeverri Davila

Señor, los hijos, nietos, bisnietos y todos los que la amaron, te queremos dar gracias por los noventa y ocho maravillosos años que vivió Rosa entre nosotros.


A ti, mami, queremos agradecerte el desinteresado amor y los tiernos cuidados que nos diste. Siempre estabas pendiente de cada uno de nosotros, encomendándonos a Dios. Gozaste con nuestros éxitos, nos consolaste en nuestros fracasos y nos acompañaste en las penas.
Tuviste una vida plena, en tu niñez estuviste rodeada del amor de tus padres y hermanos. Después amaste a un hombre de extraordinarias virtudes y juntos nos dieron un hogar feliz. Aquella casa estaba llena de juegos y risas, días felices bajo tu mirada tranquila y cómplice. Hiciste de ella un lugar abierto para familia y amigos. Como dijo Pablo, el marido de Verónica, al conocerla: “Ya entiendo porque los miembros de tu familia viven tanto. Viven muertos de risa.”

Destacabas por tu inteligencia (mi papá solía decir que era tu sangre judía) y por tu educación académica sobresaliente, pero jamás hiciste alarde alguno de ello. Sin embargo, pusiste estos dones al servicio de los que te rodean y de tu amada iglesia, a través de la Acción Católica y sobre todo de las Fieles Siervas. Tu fe era imbatible, templada por tu sabiduría, mezcla de conocimiento, sentido común, tolerancia y humor. Supiste evolucionar con los tiempos, comprender, perdonar y, nunca pretendiste poseer toda la verdad.
Seguirás siendo ejemplo de equilibrio y superación ante el dolor y las dificultades, apoyada, sin titubeos, en tu fe en el Señor.
Tu vida, mami, es lección para todos nosotros.

Gracias

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