Por Omar H. Téllez
Hombre!...se nos murió la Abuelita Rosa. La última sobreviviente del legendario clan de los hermanos Dávila Riascos, hijos de Don Francisco y Ana R.
Me gustaría pensar que sus hermanos y su esposo el Dr. Echeverri la mandaron a llamar para animar las tardes jugando Bridge, Scrabble y Continental, algo que solo ella sabía hacer bien.
A esta hora seguramente están felices con ella allá y hablan como si el tiempo se hubiera detenido a mediados del siglo pasado. Quetica (a.k.a. Aunt Henrietta), como siempre sin dar respiro ni permitir respuesta, habla con su acento Newyorkino sobre las vicisitudes del Gran Magdalena. María Luisa interviene con noticias del nuevo acueducto que le pusieron a Ciénaga y arguye que la gente ya no se enferma mientras que en Santa Marta todavía hay cólera. Alberto comenta la crecida enorme del Rio Ariguaní que había divisado el día anterior desde la falda de la Sierra y agrega que unos Malayos le hablaron sobre un tipo de palma que producia un aceite con mucho menor saturación que el del algodón. María Luisa aclara que las nuevas vacas Pardo Suizo que habían importado de Luisiana sus sobrinos favoritos Pacho D., Pacho S., Eddie S. y Pablo S. producen más leche que todas las otras vacas en Bureche juntas. A todas estas Frankie se fuma un purito que le envió su amigo Mauricio Obregón y le cuenta maravillado a las monjitas Margot y Ana sobre una nueva playa mágica rodeada de arrecifes que había encontrado cuando se le dañó el motor de la lancha despues de un día de pesca y algo de whisky... y claro seguramente Eduardito hace alarde de un nuevo jugador del barrio El Pescaíto que contrató para su equipo "El Ciclón Bananero", mientras la recién llegada, Rosita, o como decía Frankie "my kid sister" prepara su famoso pudín de chocolate.
Además de sus cinco hijos, nueve nietos y nueve biznietos, la abuela Rosa nos dejó a todos un legado muy valioso que lo escribo aquí y se lo repetiré a mis hijos Manuel Francisco, Isabel y Camila, a mis primos y a mis amigos cada vez que pueda para que ellos se lo cuenten a los suyos y así sucesivamente como lo hacía Francisco el Hombre gran juglar de la zona bananera.
Por encima de todo, nos dejó un legado de bondad, equidad y alegría que se traduce en algunas máximas que regían su vida y que nos repetía con mucho amor. Estas son algunas de las que recuerdo:
“Los estudios y los idiomas siempre nos quedarán y son transferibles a cualquier lugar del mundo.”-Tal vez porque pudo acceder a los mejores establecimientos educativos (e.g.: Sacré-Coeur– Bélgica y Stanford University– Palo Alto, CA (grupo Stanford 500)) se empeñó en que todos debíamos recibir y aprovechar la mejor educación posible. Creó un fondo para pagarle a cada uno de sus nietos toda la educación deseada desde primaria hasta doctorado y hasta en los momentos más difíciles propuso que esos fondos no se tocaran. Fue gracias a esa decisión que pude graduarme del Colegio Parrish, de la Universidad de los Andes y después de la Universidad de Berkeley, California y sacar adelante a mi familia.
“Esta vida es corta y la tenemos prestada”- Esto no fue tan cierto como ella decía pues vivió 98 años(!!). Sin embargo el mensaje era claro: estamos aquí por un periodo de tiempo finito y por lo tanto hay que tener las prioridades claras para tener un impacto en las distintas facetas de la vida: familia, comunidad, profesión, etc..
“Que lindos están el día, el mar y las flores” –Siempre tenía apuntes alegres sobre la naturaleza que le permitían distraerse de las ansiedades diarias. No recuerdo haberla verla visto irritada o molesta. De todos los factores que contribuyeron a su longevidad creo que este fue el de mayor impacto. Esa alegría la tienen todos sus hijos y nietos y nos debemos sentir muy afortunados de poder alegrarle la vida a otros con esta paz que irradiamos al apreciar la naturaleza, aceptar las cosas buenas cada día y siempre verle el aspecto positivo a las situaciones.
“Al final del día nos van a medir por lo que hicimos mientras pudimos por las clases menos favorecidas” – Cuando tenía como 6 años de edad le tenía pavor a las visitas de mi abuela pues siempre me quería quitar mis mejores juguetes para venderlos en el baratillo de la Acción Católica, y poder donar a las familias más necesitadas. “Mijito tú tienes muchos juguetes y hay muchos que no tienen nada,” decía, y yo salía corriendo a esconderlos pero poco después refunfuñando aceptaba. Recuerdo cuando hice mi primera comunión, en vez de hacer una fiesta con todos mis amigos mi abuela sugirió que donáramos el dinero de la fiesta a un convento de monjas que no tenía suficientes abanicos, y aunque yo me daba golpes de pecho terminamos llevando los abanicos alas monjas. Hoy doy gracias por estas intervenciones pues me han hecho más sensible por las clases menos pudientes. Gracias a su inspiración, con mis hijos hemos organizado campañas para beneficiar víctimas de catástrofes y otras causas (e.g.: ver http://reliefhaiti.blogspot.com/)
Sé que el mejor homenaje que puedo hacerle es seguir sus máximas y compartirlas con tantas personas como pueda. Le debo mucho de lo que soy y solo compartiendo su legado sabré que su vida no fue en vano.

Omar, que homenaje tan especial el que haces a tu abuela y a sus hermanos....entre ellos mi abuelo! Somos afortunados de hacer parte de esta gran familia...muchas enseñanzas....muchas anécdotas....amor y respeto por las personas y las diferencias...construir patria y siempre ayudar a los que lo necesitan... educación...mucha educación... Gracias a todos Ellos por su ejemplo....y
ReplyDeleteMuchas gracias a Ti por hacer que nuestras raíces siempre estén presentes....y por recordarnos cuan valiosos fueron todos estos personajes del legendario clan Davila como tu los llamas...
Beatriz Martha Davila